Entiendo que era difícil, que el listón está muy alto y que nadie quiere asumir el cargo.
Pero el resultado ha sido una colección de lo más sosaina y anodina, en la que seguramente lo mejor sean los vestidos largos. No vamos a decir que sea fea, pero es de esas que ves a mil. Corriente. Totalmente carente de ese sello tan personal que solo Galliano era capaz de conferir a sus creaciones. Una puesta en escena que nos hace suspirar por aquellos desfiles tan teatrales a los que estábamos acostumbrados. Una colección que no nos deja soñar, y eso, eso es lo que buscábamos en los shows de Galliano para Dior.
Así que seguiremos suspirando hasta que vuelva al fashion bussines.
Si cabe destacar algo son los sombreritos tipo años 30.




